martes, 21 de octubre de 2014

El desafío de vencer los prejuicios


     Un querido colega motoviajero que cumplió recientemente su sueño de llegar a Ushuaia en moto, piensa que los que viajan en motos grandes miran con desprecio a los que viajamos en motos chicas. No lo comparto, básicamente porque no me van las generalizaciones, pero también porque he podido advertir otros aspectos de la cuestión.
     Por algún mecanismo extraño de mi mente, en mi caso es raro que me sienta en desventaja con los extranjeros, pero sí con otros argentinos que viajan con motos de mayor cilindrada, lo que provoca que me inhiba y evite el contacto. Creo que ésa puede ser también una de las razones por las que mi amigo advierte esa sensación negativa, nos autocalificamos en desventaja.
     En el viaje del verano 2014 tuve una experiencia que modificó esa manera de sentir. Coincidí en la aduana de Libertadores con dos brasileros en BMW y un grupo de falconeros (falconeros= motoviajeros en Honda Falcon) de La Pampa. Las cosas se dieron de tal manera que para el momento en que llegamos a la aduana, ya venía conversando con los brasileros, pero en cambio no había tenido contacto con los falconeros, que  me habían pasado en la ruta sin que nos saludáramos. La espera interminable en la aduana propició el acercamiento, la charla y algunos comentarios esclarecedores, como "Cuando te pasamos en la ruta le decía a mi esposa que hay que tener ovarios para viajar así", o "Tenemos la misma campera pero la tuya tiene ruta", o "Vení, mirá, ella es de Neuquén y anduvo por San Luis y Córdoba, ¡sola!"..., comentarios muy alejados de la soberbia que yo les adjudicaba y que evidencian en algún punto cierta admiración y, sin lugar a dudas respeto.
     Me pregunté entonces si muchas veces, la falta de contacto no se debe a qué ambas partes nos retraemos ante la diferencia y, así surge la estrategia defensiva de encontrar falibilidad en los demás para elevar nuestra propia autoestima.
     Lo cierto es que los viajes nos presentan la disyuntiva de abrirnos al mundo o continuar limitados en el 2x2 de nuestra propia burbuja. Personalmente, cada viaje me acerca más a vencer los prejuicios y buscar enriquecerme con el pensamiento y experiencias de otras personas. Quizás, si lo practicamos cada día podamos ser partícipes del cambio social que tanto anhelamos. Ése. El de la palomita con la rama de olivo en el pico. El del mundo en paz.
 

RITUALES DE VIAJE

     No soy una persona supersticiosa, pero desde que viajo en moto he adquirido algunos hábitos que podrían calificarse como supersticiones, dado el poder atribuído, o como rituales, dada su connotación simbólica.
     La primera ruteada fue con mi hijo Giovi y como un juego, para controlar que todo estuviera bien sin que sienta tan niño, le hice tres preguntas ("¿Casco abrochado?", "¿Mochila acomodada?","¿Pies en los pedalines?"), a cada una de las cuales él respondió con un fuerte: "¡SÍ!". Luego dijimos juntos: "¡ENTONCES...GO, GO, GO!". He aquí la génesis de la primera superstición, que desde entonces me impide iniciar un viaje sin un "GO, GO, GO!", aunque sean las 6 de la mañana y sólo la Morocha me acompañe.
     Luego vino el no pasar por determinados lugares sin tocar tres veces la bocina, como por ejemplo en El Solito o en el Gauchito Gil (porque que las hay, las hay... jajaj...)
     A medida que viajaba y me sintonizaba con la Ñuque Mapu -la Madre Tierra-, la Pachamama, Gaia o como vos la llames- nació la necesidad de expresarle mi sentir. Fue así que cada vez que algo me deslumbra grito "¡TE AMO GAIA!". (*) Allí, cuando me sincronizo con el latido de la tierra, siento la necesidad de abrazar el paisaje, el viento, el sol y la energía purificadora que me invaden, que alimentan mi espíritu, así es que abro los brazos queriendo abarcar todo éso y lo llevo a mi pecho entregándomelo a mí misma con dos golpecitos de mi puño cerrado... loco, pero realmente desestresante...
      Un tema aparte son los rituales compartidos con otros motoqueros. Desde el saludo al colega desconocido que se cruza en la ruta y que al ser respondido te hace sentir parte de una hermandad sin fronteras, hasta el respeto sine qua non al código no escrito que señala el auxilio al que está con averías en su vehículo. Y es que en cada viaje se intensifica la idea de que no son sólo costumbres "del palo", sino acciones con tal valor simbólico que no pueden dejar de ser llevadas a cabo.
     Tampoco olvido que la Morocha, mi Zanella 150, ha cobrado inesperada vida y personalidad en estos años. Ésto nos obliga a cuidarnos mutuamente, así es que cada vez que la dejo sola le doy dos palmadas en el costado derecho del tanque y le digo: "Portáte bien, te quedas acá y no te vas con nadie más". Y ella obedece, lo que amerita que cuando vuelvo le dé otras dos palmaditas para felicitarla. Lo mismo sucede en ocasión de sortear exitosamente un tramo de camino especialmente complicado; o al llegar de un viaje, sólo que en esas ocasiones la abrazo y le digo gracias, con los ojos algo llorosos... ¡Porque mi Zanella se la rebanca!.


     Y así sigo, a más km recorridos, más emociones guardadas, más cercanía con el pulso de la tierra. Quizás sea éso lo que incentiva la práctica de estos ritos atávicos y enriquecedores. 


 

SENTIR NOCTURNO

     Medianoche, dormitorio en penumbras, anteojos desbarrancando por mi nariz, el sonido bajo y calmo de mi música "para escribir" que también es la música que me permite soñar, sentir el llamado de la Ñuque Mapu que me indica suavemente los "dóndes" de este verano. Los mapas desparramados sobre la cama, con su crujir inquietante y su olor a aventura, me remiten a mundos desconocidos que simulan el anhelo de ser descubiertos sólo por mí. Y ella, mi fiel Zanella, mi Morocha, que descansa en un rincón de la cocina esperando ansiosa el momento en que al salir a la ruta, nos transformemos en Mulán, la princesa guerrera.

martes, 16 de septiembre de 2014

¡Septiembre!


Septiembre. Primavera. Tiempo cálido. Es ese momento del año cuando, a pesar de haber andado en moto todo el invierno, los motoqueros sentimos que despertamos del letargo y nos invaden las ganas de rutear. Así es que empezamos a considerar mil ideas diferentes, a la par de las numerosas notas que fuimos tomando durante  meses de posibles destinos. No importa si concretamos esas rutas planificadas u otras, lo importante es que disfrutamos tanto o más de los planes que de la ruteada en sí misma. Porque la vida es sueño y los sueños... ¿sueños son?.

sábado, 15 de marzo de 2014

APODO RUTERO



     No voy a justificar mi apodo rutero. Lo voy a explicar para quien no me conoce bien. 


     Me dicen la TEACHER motoquera, NO soy la MAESTRA motoquera, no soy maestra, soy profe de Inglés. El sobrenombre lo obtuve de mi buen amigo Ramón Benítez, quien solía decirme TEACHER y al verme llegar por primera vez en moto exclamó: "¡Llegó la TEACHER MOTOQUERA!". Y así quedó, sólo porque esa frase contiene una carga afectiva importantísima, de la misma manera que las otras dos o tres frases que utilizo en Inglés, como el clásico "GO, GO, GO!" y alguna que otra más.

     No soy extranjerizante, todo lo contrario. Cualquiera que me conozca lo sabe, defiendo lo nuestro, partiendo del idioma. Siempre le digo a mis alumnos que no utilicen palabras en ningún otro idioma, que privilegien el uso del idioma que realmente nos pertenece. Sí soy UNIVERSALIZANTE, creo que las fronteras son producto del afán de poder de los hombres. Cada vez que me encuentro con extranjeros y se produce un armonioso intercambio energético lo vuelvo a comprobar. SOMOS IGUALES, de la RAZA HUMANA, el resto es nacionalismo y no adhiero a ningún "ismo" (excepto al motociclismo ...jajaj...).
     Y soy la Teacher MOTOQUERA, NO MOTOCICLISTA, ni MOTERA. Conozco bien la connotación negativa de la palabra en muchos lugares, he investigado su etimología y su uso (alguna vez escribiré acerca de ello) pero aún así elijo utilizarla.
     Conclusión: a quienes no les simpatice mi apodo, les pido que no lean más mi blog, o me borren de Face, pero por favor, no asuman críticas o conclusiones erróneas sin conocerme. 
     ¡GRACIAS!.


PATO, LA TEACHER MOTOQUERA

lunes, 3 de marzo de 2014

POSTAL MOTOVIAJERA #5




A METROS DEL TÚNEL CRISTO REDENTOR, PASO LIBERTADORES.
RUTA CH-60. V REGION. CHILE.

POSTAL MOTOVIAJERA #4




ALGÚN LUGAR ENTRE PUENTE DEL INCA Y USPALLATA
RN7- MENDOZA-ARGENTINA

POSTAL MOTOVIAJERA #3

                                               USPALLATA, MENDOZA, ARGENTINA

DATE PERMISO

     
Aparentemente la conjunción de tres condiciones en mí (soy mujer, viajo sola y en una moto pequeña) es algo lo suficientemente extraño como para ser deseable. Porque muchas, muchísimas veces cuando salgo a rutear escucho comentarios, especialmente de mujeres, que dicen envidiarme o que les gustaría hacer lo que yo hago, "pero..." y ahí comienza la lista interminable de obstáculos: "mi familia me necesita", "el presupuesto no me da", "mi trabajo no me lo permite", "ya no soy joven"... Otr@s comentan que van a esperar hasta "poder comprar una BMW o Transalp o... para viajar sin inconvenientes", "poder comprar los valijones o la indumentaria de X marca" "encontrar un compañer@ de viaje adecuado", "poder programar un viaje a Ushuaia o Machu Pichu"...

Mi realidad no es muy distinta de la de la mayoría de ellos. Tengo 5 hijos, pero tienen papá y 4 de ellos son adultos que se hacen cargo del pequeño cuando yo no estoy. Me necesitan, sí. Pero nadie es indispensable en la vida de nadie y ellos entienden que llegó el tiempo de que haga más cosas por mí misma después de 30 años de estar criándolos. Lo que me lleva al segundo punto: tampoco soy tan joven, tengo el mismo cuerpo hace 51 años y a veces me pide cosas que antes no me hubiera pedido. Por ejemplo que no acampe sino que vaya a un hostel, o que me baje con cuidado de la moto porque la cadera no da más. Lo escucho, le hago caso y sigo adelante. En cuanto a todo lo que tiene que ver con el dinero, la moto o el equipamiento, mi situación dista mucho de ser la ideal, pero ajusto mis pretensiones y salgo igual.

Si hubiera esperado a reunir las condiciones ideales, todavía estaría sentada en casa mirando deseosa las fotos de otros viajeros. Pero un día me convencí de que las responsabilidades, el estado físico, el tiempo y el dinero, rara vez se encuentran en equilibrio perfecto.

Y aunque no considero ser el ejemplo de nada, excepto de la decisión de permitirme ser libre haciendo lo que me da placer, te digo que se puede y el tiempo es AHORA. Hacé un alto, abrí tu mente, dejá atrás los "peros", dále espacio a tus sueños más ocultos, no importa si tienen que ver con viajar en moto o con cualquier otra cosa. Mirá hacia el fantástico paisaje que se extiende más allá del miedo. DATE PERMISO. HACÉLO ¡Y VOLÁ!.

jueves, 27 de febrero de 2014

Revoluciones

     Mientras sigo escribiendo el relato rutero de este verano te cuento algunas cosas que he estado pensando. 
     Muchas veces me preguntan si empecé a andar en moto porque me rebelé al divorciarme. No, no fue rebeldía por el divorcio. Hacía casi 10 años que estaba divorciada cuando salí de vacaciones en moto con absoluta naturalidad, si hubiera tenido auto lo hubiera hecho en auto.
     El hormigueo que me arrastra a rutear vino después, al regresar de ese primer viaje, y fue fogoneado (y no me cansaré jamás de repetirlo) por mi Motomentor Gustavo M. y mis demás compañeros de Juntos a la Par. Aunque definitivamente la rebeldía tuvo que ver, fue una verdadera revolucion interna. Una revolución que modificó radicalmente mi manera de insertarme socialmente, hubo resistencia al orden establecido con la consiguiente ruptura, hubo liberación de las estructuras y los mandatos impuestos, todo éso permitió que generara una nueva manera de autopercibirme, libre de opresiones.
     Sigo teniendo responsabilidades famiiares, laborales y sociales, pero la nueva perspectiva hace que, después de 27 años de centrar mi energía en mis cinco hijos, me sienta libre y tome la ruta sin culpa cada vez que puedo.   Digamos que la Morocha ha resultado ser subversiva, porque ha invertido el orden establecido. Mi orden interno.
     Y como dice una amiga muy querida, la Tana, VAFFANCULO a los que no saben ver quien realmente soy!.  

    

jueves, 20 de febrero de 2014

RUTEADA VERANO 2014

Una mujer de 50 años. Una Zanella 150c.c. Treinta días fuera de casa. Un viaje sin pretensiones que terminó siendo de 4916 km. Mucho por agradecer, a la gente, a la vida, al Universo... Extraños, interminables y contenedores abrazos con "aparentes" desconocidos, momentos de descubrimiento, de repentina iluminación, encuentros con otros viajeros. Rutas, paisajes y gente deslumbrante...Tanto, tanto pero tanto por revivir en fotos y relatos!.
Ayer, 300km antes de llegar, la Morocha pidió un descanso y llegamos a casa en camioneta. Ciertamente no es el final de viaje que esperaba, pero me permitió comprobar no sólo la solidaridad y fidelidad de los amigos, motoqueros o no, sino la solidaridad del clan motero ante el colega desconocido. Mientras pasaban los autos sin detenerse a pesar de encontrarme tirada en el medio de la nada, en Cutral Có, Neuquén, Centenario, Junín de los Andes, San Martín de los Andes, Cipolletti, Tupungato, Tunuyán, Alvear, 25 de Mayo, Puelén y Santa Isabel, había gente movilizándose para ayudarme a salir del problema. Finalmente un colega motoquero del ciberespacio, Dario Perez de 25 de Mayo -LP- se comunicó con otro colega desconocido para mí, IVÁN de Sta Isabel -LP-, quien acudió en mi auxilio, llevó a la Morocha al taller, me ofreció almuerzo y un lugar para descansar mientras buscaban solucionar el problema. Ya caída la noche y ante la imposibilidad de darle solución, Darío hizo un total de 700km con su camioneta para buscarnos y traernos a casa. Cosas que pasan cuando se comparte la pasión por las dos ruedas. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS!.
Gracias a los que durante todo el viaje me dieron apoyo logístico, me invitaron a sus casas y me recibieron con los brazos abiertos: Marcos Martos, Arturo Yanardi, Alfredo Sosa, Romina Urzúa.
Gracias también a todos los que me siguieron virtualmente en esta pequeña aventura y me alentaron, en especial a mi "fan número 1" (jajaj...me la creí...) Sandra Sorrentino. T.K.M.!.
Suelo decir que soy "una dulce ancianita que anda en moto", sólo trato de hacer lo que me da placer, nada más. Pero no podría hacerlo si no contara con el apoyo de mis hijos Noe, Suyai, Yael, Lianella y Giovanni, y del papá de mis hijos Julio Bernabey.
Tampoco podría hacerlo si no tuviera siempre presente los consejos y el aliento de mi Motomentor Gustavo Molia y de todos mis compañeros de Juntos a la par. GRACIAS MUCHACHITOS, VAN CONMIGO EN CADA KM DE RUTA!.
Aunque me falta un toquecito para sentirme plena (por no haber podido llegar andando) estoy segura que con el transcurso de los días y al escribir, voy a poder poner las cosas en perspectiva.
Sobre todas las cosas:

GRACIAS MOROCHAAAAAAAA, MINA FIEL !!!!!!. 

ABRAZO Y BUENAS RUTAS A TODOS!.



viernes, 10 de enero de 2014

Solidaridad

     Afortunadamente la Morocha es una mina fiel y nunca me dejó en banda en la ruta. Si he tenido algún problema ha sido mi responsabilidad, por ejemplo la caída que ya relaté; una vez que me quedé sin nafta camino al Pellegrini y el verano pasado en los 7 Lagos. En cada una de esas veces dependí de alguien más para seguir viajando, pero las reacciones fueron diferentes.
      Cuando me quedé sin nafta estaba a 20 km de casa, así que llamé a un amigo que me auxilió rápidamente. Antes de decidirme a pedir ayuda hice señas a varias motos pero ninguna paró. La señal clásica de poner el casco en el suelo para avisar que uno está detenido por un problema y necesita ayuda no había funcionado. En los 7 Lagos la cosa fue diferente, no tenía a quién pedir ayuda directa así que dependía básicamente de quien pasara por ahí.
     Había salido de San Martín de los Andes rumbo a Villa Traful para encontrarme con mi nieta. Estaba muy ansiosa por verla e imprudentemente omití estirar la cadena. Resultado: en este lugar se salió. Saqué mis herramientas sabiendo que era un gesto inútil ya que no tengo fuerza para aflojar la tuerca del eje, y volví a comprobar que producto de éso nunca había comprado la llave que me faltaba, o sea que quien se detuviera debía tener una llave 21 o bien una francesa más grande que la mía.
     Allí estuve un rato largo esperando que pasara alguna moto, porque si bien de tanto en tanto pasaba algún auto, no me animaba a pararlos. 
     En un momento pasó un grupo de seis o siete BMW. Me sentí aliviada y les hice señas de que pararan. No sólo no lo hicieron sino que ni siquiera saludaron, lo que me dejó absolutamente claro que no habían confundido mis señas con un saludo, sino que eligieron no detenerse. De camaradería motoquera nada, y ni hablar de la simple solidaridad hacia otro ser humano, en este caso una "dulce ancianita que viaja en moto"...JAJAJ...
     Un rato después pasó este muchacho de Cipolletti que se detuvo sin esperar a que le hiciera señas, sacó sus herramientas y puso nuevamente la cadena. Tenía razón cuando me dijo que era una kamikaze por salir sin las herramientas indispensables, aprendí y llevo todo lo necesario. Gracias colega, me gustaría poder recordar tu nombre. 




     Estaba acomodándome para seguir viaje cuando se detuvo esta pareja de motoviajeros para preguntarme si necesitaba algo. Eran de Capital Federal aunque ella es española. Conversamos un rato y seguí viaje, pensando en que debía resolver pronto la cuestión de la llave y en que de allí en más, debía ser más inteligente y tomarme el tiempo necesario para controlar la cadena.

     Reflexioné además sobre lo que hace que seamos o no solidarios. Un comentario frecuente entre quienes conducimos motos de baja cilindrada, es que pareciera que es más solidario quien conduce una moto pequeña porque ante una dificultad mecánica depende casi exclusivamente de la solidaridad del desconocido, debido a sus recursos más limitados. No estoy segura de que sea así. De hecho mis compañeros habituales de ruta tienen motos de alta cilindrada y fueron ellos quienes me enseñaron a respetar el código no escrito de los motoqueros. Ese que dice que somos un grupo de gente que tiene un especial sentido de camaradería y solidaridad que nos hace únicos. 
     Llegué a la conclusión de que los de las BMW que pasaron primero sólo conducían motos y los que llegaron después eran realmente motoqueros, moteros o motocilistas, como vos los quieras llamar. Recordé entonces otra cita frecuente en este ambiente que dice que ser motoquero es una actitud ante la vida, independientemente de tener o no una moto.Es así.
     Seguí hasta Traful, estuve con mi nieta, disfruté, aprendí. ¡Viví!. 
         


lunes, 6 de enero de 2014

JUNÍN DE LOS ANDES- ALUMINÉ

LA CAÍDA
     Se dice en el mundo de las motos que hay dos clases de motoqueros: el que se cayó y el que se va a caer. Yo formo parte del primero de ellos. Ya me caí, lo que ciertamente no me inmuniza ante futuras caídas pero agrega experiencia. Fue el verano pasado, el 15 de enero del 2013. Te cuento este incidente aislado del resto del viaje porque está relacionado con mi posteo anterior.      
     Venía de hacer el circuito San Martín de los Andes, Villa Traful, Villa La Angostura, Bariloche, Confluencia Traful, Junín de los Andes. Iba hacia Villa Pehuenia donde me encontraría con 4 de mis 5 hijos (momento súper especial para todos ya que aunque nos vemos seguido, no se da con frecuencia que coincidamos en ese número). Luego pensaba cruzar a Chile por el Paso Icalma y recorrer la Ruta 5 Sur,  o lo que la ruta me sugiriera. El objetivo principal era cruzar por un paso fronterizo diferente.
     Para achicar distancias y desafiarme a mí misma con una ruta no muy transitada había decidido ir hasta Aluminé por Pilo-Lil, saliendo desde Junín de los Andes, y utilizando básicamente la RP 23. 107km, de los cuales 71 son de ripio.
     Quizás debido a ésos 71 km es que se escucharon voces contradictorias. Algunas habituales, aconsejando "que no me arriesgara", y otras, afortunadamente las más, alentándome a viajar tranquila, como siempre lo hago, con las precauciones del caso.
     Partida adrenalínica, estaba muy ansiosa por llegar al encuentro familiar en Pehuenia. Al cruzar el puente sobre el Malleo y dejar el pavimento veo el camino en muy buen estado. Este camino, que a la derecha gira y sube.

      El día estaba soleado pero desde el oeste los nubarrones se me acercan.

     La única parte del camino que me complicó un poco fueron unos 4km en bajada y en zig-zag que tenían unos huellones de piedra suelta bastante profundos. El resto es como cualquier otro camino de montaña, sinuoso, con pendientes, en partes de cornisa, pero ni remotamente intransitable, sino todo lo contrario. Ese verano me resultó más intransitable el camino de los 7 Lagos por los conductores que circulan a gran velocidad y la eternísima obra de pavimentación que deja sectores con mucha roca suelta.
     En este lugar comenzó a llover. Mi duda en ese momento era si la ruta seguiría siendo ripio consolidado... De ser así ningún problema, de lo contrario en la posible arena o arcilla suelta, la lluvia me podía complicar la estabilidad. Pensé en ponerme el traje de agua pero dado el calor tremendo que hacía decidí seguir así nomás. De última sólo me mojaría las piernas, mi campera SRaggio se las rebanca. Aunque me gasten porque ya perdió su color original, es una masa.
     Iba disfrutando de esos paisajes que suelen originar la pregunta: ¿a qué le sacaste foto acá?. "A mi tierra" respondo ahora, ya no gasto palabras para describir lo que se describe por sí mismo (siempre y cuando permitas que su vibra te alcance...).



     El clima era inestable, lloviznaba intermitentemente. Al llegar a Pilo-Lil y ante la posibilidad de que aumentara la lluvia decidí seguir, sin hacer la parada "turística" que tenía prevista.

    Llevaba las gafas de sol puestas y no paré a cambiarlas por las otras, esperando que volviera a salir el sol pero también esperando encontrar un lugar donde pararme y ser visible para otros conductores. Unos 35km antes de Aluminé, en una bajada pronunciada con una curva y contracurva muy cerrada vi una camioneta que venía en sentido contrario y bastante rápido, así que me tiré hacia la derecha para evitar que me alcanzaran las piedras que levantaba. Error. Al hacerlo no advertí que había un sector de menos de 2 metros lineales de arena donde la moto se clavó por venir a tan baja velocidad. Y me caí, como en cámara lenta. Afortunadamente iba circulando con la pared de la montaña a mi derecha, si hubiera ido contra el barranco probablemente la historia hubiera sido otra.
     Y allí quedé, con la pierna izquierda bajo la rueda trasera de la moto y el caño de escape apoyado sobre la parte reforzada de mis zapatillas de trekking (mejor no se podría haber acomodado la Morocha para no quemarme). Shockeada, me estiré con dificultad para cortar el contacto de la moto y sentí un dolor muy fuerte en mi lado derecho. Tuve 10 segundos de autoconmiseración en los que se me llenaron los ojos de lágrimas, pero me dije a mí misma en voz alta: "No Pato, sos una mina fuerte, no te podés dar el lujo de sentirte débil, respirá hondo y esperá con calma que pase alguien que te saque la moto de encima.".
     Y así lo hice. A los pocos minutos pasó un auto del que bajó una pareja. Levantaron la moto y también a mí. La chica se identificó como médica y me preguntó si estaba bien y si quería que me llevaran al hospital de Aluminé. Yo sabía que tenía alguna lesión en las costillas porque ya conocía ese dolor, pero pensé rápidamente en los inconvenientes que me ocasionaría decir que el dolor era muy intenso (dejar la Morocha tirada, tener que resolver como llevarla y demás), y le dije que estaba bien. Cuando le pedí ayuda para subirme a la moto advirtió que no era tan así, pero ante mi insistencia se fueron.
     Anduve menos de 100mt y me di cuenta de que debía detenerme a acomodar un poco la moto. Con mucha dificultad me bajé, terminé de desprender el parabrisas que se había roto, enderecé un poco la dirección sosteniendo la rueda entre las piernas (es cierto eso de que la adrenalina genera fuerza extra), y seguí camino.
    
  
     A pesar de no poder bajarme me detuve a sacar algunas fotos, pensando que quizás no volvería a pasar por ahí. Ahora sé que DEBO volver a pasar, porque no voy a permitir que me gane un parche de arena en el camino.




     Al llegar a Aluminé fui al hospital donde sólo me preguntaron si tenía dificultad para respirar y me dejaron ir diciéndome que tomara un ibuprofeno, "No tenés nada", fue el diagnóstico hecho sin siquiera revisarme... Al recuperar la señal de celular llamé a mi hija, le conté lo sucedido y ante su sugerencia de irme a buscar con una camioneta, le dije que no era necesario, que me esperaran que estaba en camino. Paré en la estación de servicio para comprar agua y tomar el medicamento y seguí viaje, 60 km más.
     En el hospital de Pehuenia no había RX, pero me revisaron y me dijeron que seguramente tenía una fisura. Compartí una semana con mis hijos esperando que el dolor cediera un poco y tratando de encontrar una solución. Obviamente, hasta ahí había llegado mi verano en la cordillera, pero no sabía qué hacer, si dejar la Morocha y volver en colectivo, llamar a alguien para que me fuera a buscar con un carrito o volver manejando. Finalmente opté por ésto último.
     Pasé por el hospital antes de irme, pedí que me inmovilizaran lo más posible y que me inyectaran un diclofenac y partí rumbo a casa. En el hospital de Centenario me hicieron una radiografía pero ni aún así fueron capaces de darse cuenta de que tenía una costilla fracturada y dos fisuradas, cosa que sí hicieron con las mismas placas en un centro privado unos días después.
     El esfuerzo físico de la vuelta fue importante, pero sigo pensando que volver manejando fue la mejor decisión. No sólo por no dejar a la Morocha en Pehuenia y luego tener que volver a buscarla, sino también porque hay de por medio una cuestión media loca de lealtad que me dice que tenemos que andar juntas, de lo contrario perdemos la energía magica de Mulán, el ciborg rutero.
    

jueves, 2 de enero de 2014

Sensaciones extrañas

     Hay hombres que me provocan sensaciones extrañas, y no me refiero a lo sexual, lejos están de provocar en mí ningún efecto en ese sentido. La mayoría de las veces me dan ganas de reírme abiertamente por su falta de criterio; otras, cada vez menos, me provoca arrojarles en la cara un buen insulto, de esos que no se espera de una "dama" como yo...Tienen una actitud fálica-exhibicionista que sólo demuestra el temor a perder su rol dominante.
      En estos días me he encontrado con varios de esos especímenes, debe ser que las ruteadas de verano los enfrentan a sus propias limitaciones y es mucho más fácil cuestionar el accionar de las MINAS motoviajeras que darse el permiso de hacer lo que desean y salir a rutear.
      SRES: Olvídense de que soy mujer al compartir experiencias de viaje. Si fuera hombre no dirían "es peligroso PARA VOS hacer tal o cual ruta". Si no es peligrosa para ustedes ¿por qué lo sería para mí?. Alguien sacó el tema de mi caída del verano pasado, seguramente no debe saber que existen dos clases de motoqueros, los que se cayeron y los que se van a caer. Circular sólo por caminos pavimentados ciertamente disminuye las posibilidades de una rodada, PERO NO ES LO QUE YO ELIJO. Me fijo donde quiero llegar y allá voy, con las precauciones del caso pero sin pensar si es asfalto o ripio. Otra manera segura de evitar los accidentes es dejar la moto en el garaje como hace este señor que habló de mi caída... Nuevamente, NO ES MI ELECCIÓN.
      Como escribí alguna vez en mi blog "Aspiro a que quien nos vea rodando distinga que soy mujer, pero sólo considere el hecho de que pertenezco al clan de aquellos que disfrutamos de viajar en dos ruedas. Sólo éso."

SOY LA TEACHER MOTOQUERA. Y VOS?