Cuando no existía la Morocha viajaba en colectivo, pero desde que
estamos juntas es natural y lógico viajar con ella. He llegado acalorada y transpirando con casi 40° (más dentro de la campera con protecciones...), con las manos duras del frío, con los brazos y la cintura cansados de luchar contra el viento, con la cara mojada por una fina pero pertinaz llovizna, disfrutando de un día perfecto de primavera, o temerosa y aprensiva por el hielo en la ruta o la supuesta crecida del Vado Carranza. Pero todo se olvida ante la perspectiva de encontrarme con la sonrisa de Tatiana.
Recuerdo que la primera vez tenía mucho miedo, era nuevita en las rutas y todavía no había aprendido a ignorar a los agoreros, así que pensaba en los peligros anunciados: "Tené cuidado con las camionetas de las empresas, van muy rápido; está lleno de camiones, no te respetan; la ruta es muy solitaria, si te pasa algo nadie te va a ver (¿no era que había muchos vehículos...?); guardá con el caracol (zona de camino sinuoso y cornisa); si llovió el día antes no vas a poder cruzar los vados; la parte de tierra está intransitable..." ¡UFFF, cómo cansa escuchar a alguna personas!. Sin embargo, siempre mi sangre vasca ganó la partida y salí a la ruta.
Recuerdo que la primera vez tenía mucho miedo, era nuevita en las rutas y todavía no había aprendido a ignorar a los agoreros, así que pensaba en los peligros anunciados: "Tené cuidado con las camionetas de las empresas, van muy rápido; está lleno de camiones, no te respetan; la ruta es muy solitaria, si te pasa algo nadie te va a ver (¿no era que había muchos vehículos...?); guardá con el caracol (zona de camino sinuoso y cornisa); si llovió el día antes no vas a poder cruzar los vados; la parte de tierra está intransitable..." ¡UFFF, cómo cansa escuchar a alguna personas!. Sin embargo, siempre mi sangre vasca ganó la partida y salí a la ruta.
Esa y muchas otras veces más al dejar las calles de mi pueblo y tomar la RP7, tuve ante mí este paisaje, chacras a ambos lados de la ruta. A unos 10 km de tomar la ruta aparece la opción de ir "por arriba" de la meseta -RP51-, o sea por el camino que va hacia los lagos Mari Menuco y Los Barreales, o "por abajo" -RP 7-, por San Patricio del Chañar. Generalmente voy y vuelvo por la meseta y disfruto de este momento, de ver el embalse que se produce con el dique compensador de El Chañar, un espejismo celeste en medio del paisaje de la barda.
Una vez cruzado el compensador se llega a un lugar llamado popularmente "El Cruce", donde se juntan las dos rutas que vienen de Centenario. (Alguna vez saqué esta foto, cuando salí a dar una vuelta y esperé ahí a que pasara mi nieta de vuelta a Rincón para saludarla).
Este valle alberga la parte neuquina de la Ruta del Vino. Hacia uno y otro lado hay cinco bodegas que se disputan la representación neuquina en las cartas. Si venís por estos lados, no te podés perder las visitas guiadas en las que no sólo vas a poder apreciar cómo se producen los vinos sino que vas a poder degustarlos y comprarlos. Y si tenés tiempo, no te prives de los platos regionales de sus restaurantes.
Algunos km más allá el paisaje agreste de barda y desierto sigue cambiando, en esta foto se observa con claridad el contraste entre los dos lados de la ruta.
A la izquierda los campos de alfalfa, cultivo que va ganando terreno aceleradamente de la mano del crecimiento ganadero.
A la derecha el paisaje casi virgen de la meseta patagónica. Al pasar por ahí a veces me imagino a sus antiguos moradores, los grandes dinos que dejaron su impronta en la zona.
La ruta hacia Añelo sigue y retoma el aparente ocre habitual, en esta foto a la distancia se ven las bardas del otro lado del río Neuquén, cercanas al Complejo Cerros Colorados.
A 45 km del Cruce y 103 km de NQN capital se encuentra Añelo (hoy ciudad convulsionada por la incipiente explotación de shale oil en el muy conocido yacimiento de Vaca Muerta).
Allí cumplo con el ritual de tomarme un café en la Panadería y Restó San Cayetano, que está atrás de la estación de servicio. Un lugarcito simple pero relindo, y con una panificación riquísima que es lo que me recomendó el doctor para llegar en buen estado a Rincón...jajja... Muchas veces salí con mis muchachitos de Juntos a la Par en busca de ruta y llegamos hasta ahí para tomar algo, así que pasar por Añelo y tomar un café ahí es una cábala. Imposible romperla.
En esa estación de servicio (que suele no tener combustible) fue donde tomé una decisión que aún respeto.La primera vez que fui a Rincón, me saqué el casco y pude observar la cara de asombro del empleado al verme. Me dijo: "Pensé que era un varón, no parece mujer." Me jodió, para qué negarlo, así que resolví no viajar jamás sin un pañuelito rosa fuera de la campera que indique que... ¡soy NENA!.
Unos 50 mt más allá de la estación de servicio la ruta se divide, hacia la derecha y subiendo la barda continúa hacia Rincón la RP7, y hacia la izquierda, la RP1 que sale hacia Plaza Huincul. Apenas empezar a subir la barda, y a pesar de haber hecho esa ruta muchas veces, mi quore empieza a latir aceleradamente. Quizás por la sensación de semiaventura del camino menos transitado, quizás porque me siento más cerca de mi objetivo. Lo cierto es que a partir de allí cumplo con otro ritual, el que aprendí viajando con mi papá, el de saludar a cada camionero que cruzo. No sé a que obedecía aquel mandato, sí sé que andando en moto me siento hermanada con ellos en el sentir hacia la ruta, cosa que no me pasa si voy en auto.
A 50 km de Añelo comenzaba (hasta abril de este año) un sector de 10 km de ripio/arcilla/arena que terminaba en el Vado Carranza. Este el más importante de los varios vados que cruzan esta ruta, ya que corresponde al arroyo del mismo nombre, "gran parte del año seco, a veces con un poco de agua, a veces impetuoso" y destructivo. Tanto que hace unos cuantos años atrás se llevo una parte de la ruta asfaltada, lo que obligó a recuperar esta vieja picada petrolera como ruta alternativa.
En enero del año pasado hubo una tormenta importante que arraso con parte de varias rutas provinciales justo el día antes de rutear hasta Rincón. Sabiendo que el Carranza se había llevado un vehículo y que la ruta había estado cortada unas cuantas horas, encaré el viaje con la decisión de ser más precavida que lo habitual. Pensaba preguntar en el camino por el estado de la ruta y si al llegar al vado no podía cruzar, pedirle a alguien que fuera en un vehículo más grande que me cruzara. O volverme, dejar a la Morocha en la comisaría de Añelo y tomarme el colectivo. Así lo hice. Como ya me había sucedido antes, la información variaba según la mirada del interlocutor (sobre mí, claro...). Iba desde un calmo "vaya tranquila, ya debe haber bajado", hasta un "es peligroso para usted con esa 'motito', vaya en colectivo mejor"... Queriendo tomar la mejor decisión sin arriesgarme innecesariamente llegué hasta Aguada del Pato, el lugar donde comenzaba la parte de tierra. Al dejar el asfalto me dije a mí misma "Pato, estás loca, volvéte". Un enoooorme charco de agua colorada me dio la bienvenida. Había pasado la máquina pero el camino trazado era muy angosto, y ya estaba surcado por las huellas de los vehículos pesados que habían pasado antes. Si me desviaba un poco me enterraba en el barro súper blando, si desaceleraba también. Para aumentar mi susto el vehículo que iba adelante mío estaba haciendo justamente eso, desacelerar, el conductor también parecía poco convencido, ya que prácticamente se detuvo. Por dentro lo puteaba (y por fuera también, pero no me podía escuchar). Un BO......bo, ni se fijo que venía atrás. Los 10km se hicieron 20 para mis brazos, pero cuando por fin llegué al asfalto del vado tuve ganas de parar sólo para reírme a gusto. Tanta precaución y tanta advertencia recibida en cuanto a la peligrosidad del agua y tanta estrategia armada de antemano ¡para encontrarme con un cauce de escasos 80 cm de ancho y 10cm de profundidad...!. Seguí camino, satisfecha de haberle encontrado la vuelta a la situación.
Aquella vez no saqué fotos, las banquinas estaban inestables o inexistentes por la lluvia, imposible detenerse. Muchas de las otras veces sí lo hice (aunque ahora no las encuentro...), pero me doy cuenta de que he ignorado la belleza de ese recorrido, he caído en el lugar común de quienes no son patagónicos y preguntan "a qué le sacás fotos si no hay nada"... La próxima vez voy a enfocarme en ver en vez de sólo mirar.
Desde el Vado Carranza hasta Rincón hay 73km por la RP5. Cada vez que los recorrí sentí la adrenalina cargar mi cuerpo de manera casi extravagante. Me preguntaba por qué, ya que hay muchas otras rutas más interesantes, por su recorrido o por lo desconocidas. Ahora que me detengo a pensarlo, aunque cada viaje sigue siendo un logro íntimo para mí (a pesar de ser sólo una más de los muchos que recorren las rutas en solitario) el viaje a Rincón es totalmente diferente. Porque al final del camino encuentro el reconocimiento callado de mi hija, mi yerno y mi nieta. Y esta sonrisa en mí. Es como el cartel de llegada del juego de la oca, recompensa por sí mismo.
Mirá fotos de mi último viaje a Rincón acá: http://www.slideshare.net/Neuquita/viaje-flash-a-rincn









