Medianoche, dormitorio en penumbras, anteojos desbarrancando por mi nariz, el sonido bajo y calmo de mi música "para escribir" que también es la música que me permite soñar, sentir el llamado de la Ñuque Mapu que me indica suavemente los "dóndes" de este verano. Los mapas desparramados sobre la cama, con su crujir inquietante y su olor a aventura, me remiten a mundos desconocidos que simulan el anhelo de ser descubiertos sólo por mí. Y ella, mi fiel Zanella, mi Morocha, que descansa en un rincón de la cocina esperando ansiosa el momento en que al salir a la ruta, nos transformemos en Mulán, la princesa guerrera.

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