Y aparecieron ellos, los muchachitos de las motos, para dejar que me sienta parte de algo más allá de lo pensado.
Entre tanta lectura sobre motos y mientras esperaba que me la entregaran, el Anillo de Salomón, mi Hada Madrina o la Magia de Harry Potter deben haberme acompañado, porque volví a un foro que había leído meses atrás, aún antes de siquiera pensar en volver a tener moto, el foro de Juntos a la Par. Ya con la Morocha en mis manos consulté allí con respecto al seguro y después de varios intercambios tuve curiosidad por conocerlos. Educadamente (¿temerosamente?) pedi permiso para acercarme a su lugar de encuentro, sin que se me pasara por la cabeza el pertenecer, sabiendo que es un grupo formado exclusivamente por varones y que dada mi escasez de experiencia poco tendría que hacer yo allí.
Finalmente llegué a La Plaza un viernes 31 de diciembre. Me encontré con Gustavo y Jorge, dos ejemplares completamente diferentes de la fauna que circula en moto, no sólo como medio de transporte. Gustavo, verborrágico, acelerado, directo, observador e inquisitivo. Jorge, silencioso, aparentemente indiferente, pero como demostró después, amable y servicial. Ellos me animaron, me aconsejaron, me dieron el "Tú puedes Pato" que yo tanto necesitaba.
Finalmente llegué a La Plaza un viernes 31 de diciembre. Me encontré con Gustavo y Jorge, dos ejemplares completamente diferentes de la fauna que circula en moto, no sólo como medio de transporte. Gustavo, verborrágico, acelerado, directo, observador e inquisitivo. Jorge, silencioso, aparentemente indiferente, pero como demostró después, amable y servicial. Ellos me animaron, me aconsejaron, me dieron el "Tú puedes Pato" que yo tanto necesitaba.
Ya tenía pensado viajar en colectivo hasta Copahue que era el lugar donde, antes de la moto, pensaba recuperar algo de la energía perdida. Quizás (osadamente porque mis últimas vacaciones habían sido en auto y en hotel), llegaría hasta Andacollo, siempre en carpa. Después de haber bailado cueca neuquina con la Compañía en diciembre, me había quedado la curiosidad por verla bailar en origen. Ahora la Morocha me permitiría meterme bien adentro en el norte neuquino. Definitivamente mi destino tendría que ser Andacollo por la Fiesta del Veranador, y Las Ovejas por la Fiesta de San Sebastián, con tan sólo unos días de diferencia.
Aquella primera vez en La Plaza (de las Banderas donde se reúne la agrupación habitualmente), expresé mi decisión de viajar a pesar de que tras haber leído a varios viajeros, la cantidad de cosas que necesitaba superaba ampliamente mis posibilidades de compra. Como suelo hacer, dije: "Yo me voy, no sé de dónde voy a sacar lo que necesito, pero me voy". Y como el haberlo expresado en voz alta me comprometía conmigo misma, no tuve más remedio que hacerlo.
En 15 días fui consiguiendo aquello que consideraba necesitaba y que al principio me resultaba imposible. Comprado, prestado o recuperado del altillo todo llegó. Una prueba de la Ley de Atracción. No hay otra explicación. Había leído TANTO sobre viajes en moto, TANTO sobre mi lugar de destino, que en mi mente ya había viajado. Había recorrido la ruta visualizándome tranquila, segura y disfrutando. Había sentido como los vehículos me pasaban "finito" sin que me sobresalte y como me "chupaban" los camiones cuando me rebasaban mientras yo mantenía el rumbo. Me había visto llegar sin ningún inconveniente hasta Las Ovejas. Había sentido la vibración de la música en mi cuerpo, imprimiendo vida a movimientos nuevos. Había conversado durante horas con la gente del lugar. Había disfrutado tanto, mucho, y más. Y así fue.
Aquella primera vez en La Plaza (de las Banderas donde se reúne la agrupación habitualmente), expresé mi decisión de viajar a pesar de que tras haber leído a varios viajeros, la cantidad de cosas que necesitaba superaba ampliamente mis posibilidades de compra. Como suelo hacer, dije: "Yo me voy, no sé de dónde voy a sacar lo que necesito, pero me voy". Y como el haberlo expresado en voz alta me comprometía conmigo misma, no tuve más remedio que hacerlo.
En 15 días fui consiguiendo aquello que consideraba necesitaba y que al principio me resultaba imposible. Comprado, prestado o recuperado del altillo todo llegó. Una prueba de la Ley de Atracción. No hay otra explicación. Había leído TANTO sobre viajes en moto, TANTO sobre mi lugar de destino, que en mi mente ya había viajado. Había recorrido la ruta visualizándome tranquila, segura y disfrutando. Había sentido como los vehículos me pasaban "finito" sin que me sobresalte y como me "chupaban" los camiones cuando me rebasaban mientras yo mantenía el rumbo. Me había visto llegar sin ningún inconveniente hasta Las Ovejas. Había sentido la vibración de la música en mi cuerpo, imprimiendo vida a movimientos nuevos. Había conversado durante horas con la gente del lugar. Había disfrutado tanto, mucho, y más. Y así fue.
Me fui media floja de indumentaria, pero ya vendrán tiempos mejores. Gracias a Chichino, el papá de mis chicos que me prestó la campera y me dio todo el apoyo moral que me hacía falta. Un tipo inteligente, no por nada estuvimos casados tantos años. Y si de apoyo se habla, gracias a Gustavo Molia y toda la gente de "Juntos a la Par", los motoqueros amigos que me escucharon y me dieron los consejos y el aliento que me hacía falta. Cero machismo de su parte.
El día "D" tuve el apoyo inigualable de Marquis, mi yerno preferido...jajaj..., que me ayudó a acomodar las alforjas y de mi hija Lia que siempre está en la logística. Todavía no había salido y ya estaba despeinada, descontracturada, una señal de que en este viaje nada iba a ser convencional.
Salí de casa largando al aire el infaltable "GO, GO, GO", que comparto con Giovi cada vez que salimos en busca de aventuras.
¡Qué tal!. Pato, la Morocha neuquina partiendo con Mulán, la Morocha china. Lia y Markis, trasnochados sacando la foto y en la despedida.
El día "D" tuve el apoyo inigualable de Marquis, mi yerno preferido...jajaj..., que me ayudó a acomodar las alforjas y de mi hija Lia que siempre está en la logística. Todavía no había salido y ya estaba despeinada, descontracturada, una señal de que en este viaje nada iba a ser convencional.
¡Qué tal!. Pato, la Morocha neuquina partiendo con Mulán, la Morocha china. Lia y Markis, trasnochados sacando la foto y en la despedida.
Y allá fui. Al norte neuquino EN MOTO Y SOLA!!! ...jajajaja....



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