Mulán es nuestro nombre en clave. El que adoptamos mi compañera de ruta, la Morocha y yo cuando nos simbiotizamos al viajar. Ella, como la Mulán original, la de la leyenda y luego la película, es una joven china. En este Mundo Moto muchas veces racista, son preferidas las japonesas, las alemanas, las italianas, pero no las chinitas como ella. Convengamos que si estamos juntas fue por una cuestión de presupuesto. De haber tenido los bolsillos más llenos yo misma hubiera optado por otra oriental, la de las alitas. Pero después de 7 meses y 9065km puedo decir que fue la elección correcta.
Ella y yo nos complementamos para revivir el personaje de la leyenda china. Allí, Mulán es una joven que, desafiando las expectativas casamenteras de la sociedad, ingresa en un cuerpo de guerreros, y con esfuerzo supera el entrenamiento, combate y es reconocida por sus acciones.
Es claro el paralelismo. Salir juntas para hacer algo más que las compras en el pueblo, es desafíar las convenciones sociales no escritas, que ubican una fémina disfrutando de otro tipo de hobbies: "Que sepa coser, que sepa bordar, que sepa abrir la puerta para ir a jugar...". Sé coser, sé bordar, pero ¡ELIJO abrir la puerta para ir a RUTEAR!.Se necesita fortaleza, valor y estrategia para sobrevivir en un ambiente donde predominan los hombres y merecer el respeto, la estima y la confianza del grupo. Creo que lo hemos logrado, juntas, Mulán y yo.
El poema chino que cuenta la leyenda de Mulán, termina con la imagen de una liebre hembra y una liebre macho corriendo juntos, y el narrador preguntando si alguien sería capaz de distinguirlas.
Aspiro a que quien nos vea rodando distinga que soy mujer, pero sólo considere el hecho de que pertenezco al clan de aquellos que disfrutamos de viajar en dos ruedas. Sólo éso.
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