Aquel 21 de enero de 2011 en que llegué de vuelta de mi primer viaje por el norte neuquino, me dí cuenta de que aún me quedaban tres cosas: vacaciones, ganas de seguir viajando en moto y algo de plata.
Mi primer pensamiento fue ¿adónde me voy?. En ese momento concidieron, mi siempre latente necesidad de llegar al mar; la proximidad del 2 de febrero, día en que se homenajea a la Mai Iemanjá, mi madre espiritual; y el viaje de mis amigos y mentores espirituales, Silvia y Ramón a Las Grutas.
Día 1: Así fue que el domingo 30 de enero salí para Las Grutas a éso de las 5 de la tarde. Muy mala hora por el calor que hacía, pero mi sexto sentido me indicaba que no debía salir a la mañana temprano que era cuando estaba planeado.
A poco de salir me encuentro en Chimpay con Omar y Buby de la Agrupación Ruidos Extraños de Choele Choel, con quienes viajé hasta allí, me guiaron al camping, me presentaron a otros integrantes del grupo -gracias Mariana, Negro y demás- y luego compartimos charla y unos tallarines espectaculares. Mi primera experiencia de la camaradería entre motoqueros desconocidos en la ruta.
Día 2: Amaneciendo en el camping de Choele, preparando los bártulos para llegar al MARRRRRRRR. (Viendo la foto me doy cuenta de que acá ya había perdido la patente...¡qué embole!). Desayuné y partí con el fresco de la mañana. Al pasar por El Solito, y de acuerdo con mi recientemente adquirida superstición rutera, di los tres bocinazos obligados para ahuyentar la supuesta mala onda del lugar, dejando para la vuelta el placer de conocer al curioso personaje dueño del lugar.
Lo bueno de rutear: al subir una loma o tomar un curva, aparecen esos paisajes impresionantes que te dejan sin aire y con el corazón predispuesto a sentir. ¡¡¡EL MAR, EL MAR, EL MAR...!!!.
"OMI ODO MIA MAI" fue mi exclamación inmediata y sincera.
Ya instalada en el camping de Las Grutas, partida rauda hacia la playa para encontrarme con mis amigos Ramón y Silvia. No fue cualquier viaje, fue un viaje de encuentros varios. Como dijo ella: quién hubiera dicho hace unos años atrás que, no sólo íbamos a estar disfrutando de la playa juntos, sino que además sería el preámbulo de la ofrenda, al día siguiente, a mi Madre espiritual, la Mai Iemanja. Cambia... todo cambia...
Día 3: Almuerzo con los hijos de religión de mis amigos. Siempre está Figuretti presente en las fotos. En este caso dos de ellos...jajaj...Damián y el Sr. Sonriente...
Tarde de playa esperando la llegada del 2 de febrero para ofrendar a Iemanja, Orisha (energía o deidad yoruba) madre de todos los otros Orishas y protectora de la maternidad, los navegantes y los pescadores, asociada por sincretismo con la Stella Maris. Toda mi vida sentí una conexión especial con el mar y al conocer los ritos africanos descubrí que es ella quien me protege, me guía, mi madre espiritual. Nada es porque sí.
| Tambores y pandeiros esperando la hora de la ofrenda. |
Después de la ofrenda, el tiempo para pensar, para agradecer, para pedir, para conectarme con mi esencia femenina, para buscar equilibrio...Y mi amigo Ramón, que atento a mis manifestaciones no verbales, me pidió la cámara para sacarme una foto.
Y por fin me fumé el cigarro que tenía guardado hace tanto tiempo esperando una ocasión especial...!!!! La noche templada, la brisa del mar, el sonido de las olas y de los tambores, la conexión con mi Mai... ¿Podía haber otra ocasión mejor??
Canturreamos un poco, mientras la gente que había observado la ceremonia se acercaba y hacía preguntas.
¡Me sentí F E L I Z !. Cada vez que entro al mar y recibo su abrazo amoroso, me entrego y floto acunada por las olas, siento paz... Definitivamente es MI lugar, el MAR...
¡UPS!. Un rato después me pescaron in fraganti... Le dedico esta foto al colega de la Harley que me dijo que no soy motoquera porque no uso ropa de cuero ni tomo cerveza... ¿Vio colega que sí tomo?. La diferencia entre Ud. y yo, es que si manejo, no tomo... Sólo eso...
Día 4: Aquí va la respuesta para los que preguntan si "levanto" mucho en la ruta: No, en realidad no, porque los hombres que me interesan no me registran, parecen no verme, permanecen estáticos con la mirada fija en algo más... Esos amores de ruta son como el caballero de la foto, imposibles. A éste en particular lo encontré por la mañana, al salir a dar una vuelta. Me atrajo inmediatamente, estaba parado en el alero de la pulpería. Le gusta el folklore, cabe la posibilidad de que me pueda acompañar en una zamba, sabe tocarla al menos.... pero lo noté un poco rígido, estático...veremos si en el próximo viaje logro algo más...
¿La respuesta real?: Lo único que me interesa en la ruta es conectarme con la Ñuque Mapu, nada más.Esa tarde elegí disfrutar de la playa en compañía de Pato, ¡qué buena mina que es!. Leímos un libro, nos metimos al agua, charlamos con los ocasionales vecinos...Una muy buena tarde. Pero había más por venir...
Y tomamos los mates nomás. A pesar de que no es lo mío reconozco que ayuda a socializar como en este caso. Cuando la gente huía del viento y la lluvia nos quedamos y pudimos disfrutar del sol que volvió a salir.

A la noche salimos a comer y me presentaron a la Gallega, una institución en la segunda bajada de Las Grutas. Una mina con ACTITUD. La necesaria para salir adelante desde hace 36 años en el país, sin dejar de laburar ni un día. Qué simpatía, qué prestancia!.
Y comimos la paella de la Gallega, que nos puso una mesita del otro lado de la peatonal. Se nos caía la baba antes de empezar y no nos quedó más remedio que castigarnos con buena comida, mejor charla y excelente compañía (me refiero a Damián, no a la rubia helada....).
Día 6: Piedras Coloradas a full ( con dificultades para llegar porque los dos osos en la Morocha era mucho para mí...). Nos charlamos todo, creo que nos conocíamos de otra vida porque nos contamos cosas súper privadas. Menos mal que existe el secreto de confesión y la arena no puede repetir lo que escuchó, sino estaríamos en problemas...jajaj...
Dami, yendo a pescar la cena, Robinson Crusoe no existe al lado de este hombre!.
¡Me mató el sol!. Me olvidé el protector en Las Grutas y sufrí las consecuencias, pero ¡QUÉ DÍA!. Mi estado ideal, buena compañía, sol y el mar, siempre el mar...
Día 7: Emprendiendo la vuelta pasé por San Antonio Oeste a pasear, a ver el puerto, con calma, sin apuros, disfrutando de la mañana cálida, del ritmo tranquilo del pueblo. Me compré unas ricas medialunas, una cajita de leche y me senté a desayunar en un banco de plaza. De esta plaza con esta carreta característica del ingreso al pueblo. Podría haber elegido desayunar en algún café, pero quería seguir sintiendo el aire de la libertad, que no es lo mismo que el aire libre...
Mientras descansaba observé que una camioneta blanca pasaba despacito, daba toda la vuelta a la plaza sin dejar de mirarme y se detenía junto a mí. Bajaron un matrimonio con dos chicos que se acercaron con una sonrisa cargada de curiosidad. Resultaron ser Nancy y Diego, de la Agrupación los Lobos de Río Grande. Al saber que viajo sola, me preguntaron de dónde venía y hacia dónde iba, conversaron un rato y ¡le sacaron fotos a mi Mulán!. No lo podía creer.
Cuando nos despedíamos Diego me ofreció ayuda, para que comprara cualquier cosa que necesitara, que él la pagaba. Me sorprendí, le agradecí y me quedé pensando qué será lo que motiva a la gente a hacer esos ofrecimientos. Ha pasado el tiempo, muchas otras personas me han ofrecido ayuda en las rutas, generalmente en forma de "te lleno el tanque", algunas veces he aceptado, otras no, pero aún intento descubrir la razón. Es cierto que viajaría mucho más si tuviera más recursos, pero me he preguntado si es algo de mi apariencia o mi actitud lo que genera ese fenómeno. Sigo sin descubrir el motivo.
Quizás sea el hecho de viajar en una moto chica... La Morocha es lo que tengo hoy. Amo lo que tengo. Estoy viva hoy. Si me quedara sentada en casa esperando las circunstancias ideales, probablemente nunca hubiera salido a la ruta y no hubiera sido capaz de alimentar mi alma de la manera en que lo he hecho.
Seguí viaje prestando atención a esas cosas que tantas veces antes había visto, pero que, quizás por viajar en auto no me paraba a disfrutar.
¿El mar de nuevo?. No, son las Salinas del Gualicho. El extremo que toca la ruta en realidad. Siempre me llamaron la atención porque al comenzar a bajar hacia la costa, su color y luminosidad son como un anticipo jubiloso de lo que nos espera. Son las salinas mas grandes de Argentina, las segundas de Sudamérica y las terceras del mundo, si hablamos de su explotación. Se encuentran a 72 m. bajo el nivel del mar y la temperatura puede llegar hasta los 50º, por éso las excursiones se hacen al atardecer. Una cuenta pendiente esa excursión.
No tengo idea como se llama el lugar, pero me llamó la atención por la moto. Es un recordatorio de que todos los viajeros buscamos protección en las rutas, sea cual fuere nuestra creencia. Como dice mi Motomentor, Gustavo M., quien va en moto no sólo maneja su vehículo sino los otros vehículos que están cerca. Es así.
La última maravillosa visión del celeste marino, allá a la izquierda. En aquel momento pensé que sería un hasta pronto y que se repetiría periódicamente, sin embargo no he podido volver aún.
El Solito. Lugar de leyendas varias. Según me contaba este caballero, dueño del parador, el paraje se llama en realidad Laguna Azul, pero hasta en los mapas figura con el nombre con que todos lo conocemos: EL SOLITO. Según unos ocasionales parroquianos no sólo por la soledad del boliche sino por la soledad del bolichero. Por si acaso y como me aconsejaron para cancelar la supuesta mala vibra del lugar me despedí con tres bocinazos...que las hay, las hay...
¿Te acordás Teté (hija mía, Julia Yael) que cuando eras chiquita te decíamos que éste lugar era tuyo?. Y vos inocentemente lo creías...¡Quién pudiera volver a ésa época de tamaña inocencia!.
Descanso en Pomona. Pensaba dormir un rato pero seguí hasta Choele donde volví a ver a Mariana y al Negro para intercambiar números de teléfono y así seguir en contacto.
Luego a casa, definitivamente relajada. Aún pienso en viajar y lo único que visualizo son los muchos cielos multicolores que me esperan y la vegetación que los tamiza...
Yo sólo soy un detalle, un reflejo de los muchos que salen a las rutas para sentirse en alas de la libertad.



























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