Aunque el pequeño bolso dio paso a maletas más grandes y modernas, la rueda de la vida me ha llevado a volver a la economía de espacio, esta vez por elección propia y no por obligación. Soy motoviajera, lo que me obliga a privilegiar lo indispensable, en principio porque la moto no admite grandes equipajes, pero también porque descubrí que lo más importante no es lo de afuera, la vestimenta o el equipamiento ultranovedoso. Lo significativo, lo trascendental es lo que sucede dentro mío, la paulatina transformación que experimento km a km, cuando me deshago de lo superfluo, las preocupaciones y los temores, y me enfoco en la comunión con lo esencial, la tierra misma.
Tantos años después, lo básico no se ha modificado. El equipaje sigue siendo mínimo y yo sigo estando ávida de nuevas experiencias, por más locas que parezcan. Afortunadamente.
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