En febrero del 2011 comencé a planificar un viaje a Tierra del Fuego, no con el objetivo de muchos motoviajeros de llegar a la ciudad más austral del mundo, sino con el de reencontrarme con la gente y los paisajes de mi adolescencia. Había planificado TODO, hasta la fecha de salida, el martes 10 de enero del 2012.
Con el pasar de los meses me invadió el fantasma de la imposibilidad económica, agigantado por la mala onda de quienes no cesaban de repetir que era un viaje sin sentido, demasiado lejos, que no podría con el viento... y algunas cosas más. Así fue que dejé de lado ese sueño junto con la detallada hoja de ruta desde Centenario hasta Ushuaia.
En Septiembre dictaminé que no viajaría este verano. "No llorés miseria" me dijo alguien, como si conociera mi verdadera situación... El tiempo me demostraría una vez más que los obstáculos están en la mente, no en el bolsillo,
En la primera semana de diciembre, no entiendo todavía por qué, se proyectaba en mi mente la película de un viaje en el que salía a la ruta sin rumbo y al llegar a una bifurcación decidía, al azar, si girar a la izquierda o a la derecha. Imágenes y situaciones de viaje se sucedían sin interrupción, y como el verano anterior, inconscientemente estaba diseñando lo que vendría.
Fue en ese momento que Sandra, una compañera de secundaria, publicó la búsqueda de alguien que cuidara su casa de San Martín de los Andes durante sus vacaciones. De darse, estaba a un paso de decenas de lugares maravillosos y una ruta diferente cada día. Pasaron los días y, tal como lo había visualizado, se concretó la posibilidad.
22 de diciembre 2011 -6 de la mañana -
Así fue que preparé mi cuerito de oveja, mis alforjas, mi bolso sobretanque (que puse en el lugar del acompañante) y partí. Igual que el verano anterior, con la Morocha, con ansiedad, pero ya más canchera. Más equipada también, hace 10 meses andaba floja de indumentaria, ahora falta menos. Le había pedido un casco nuevo a Papá Noel y me lo trajo unos días antes por medio de El Parro, de Juntos a la Par. Faltaban el pantalón y unas buenas botas, pero todo llega.
Así fue que preparé mi cuerito de oveja, mis alforjas, mi bolso sobretanque (que puse en el lugar del acompañante) y partí. Igual que el verano anterior, con la Morocha, con ansiedad, pero ya más canchera. Más equipada también, hace 10 meses andaba floja de indumentaria, ahora falta menos. Le había pedido un casco nuevo a Papá Noel y me lo trajo unos días antes por medio de El Parro, de Juntos a la Par. Faltaban el pantalón y unas buenas botas, pero todo llega.
Lo extraño fue decidir qué llevar, algo me decía que el baulcito iba a ser una molestia en algún momento, ya que ocupa espacio y desestabiliza si va con mucho peso. Sin saber por qué también consideré la posibilidad de llevar el equipo de camping. Finalmente opté por llevar el primero y dejar el segundo, ya que "sólo voy a San Martín y vuelvo". ¿EN SERIO PATO...?.
Llegando a Arroyito la decisión dinosáurica: ¿por Huincul o por Chocón?. ¿Argentinosaurus Huinculensis o Giganotosaurus Carolinii?. ¡Qué lujo mi provincia!, ¿no?. Dos de los dinosaurios más grandes del mundo fueron encontrados acá. (Lo malo es que muchos neuquinos no valoran lo que tenemos. Y no lo hacen porque no se dieron el tiempo de sentir lo que la Ñuque Mapu tiene para decirnos. No conocen, lo que les imposibilita valorar, amar...)
Era difícil decidir, a pesar de haber consultado el pronóstico antes de salir. Por Huincul y Zapala: viento. Por Chocón y Piedra: cenizas. Dada la experiencia del verano anterior por el norte neuquino con el hermano Küret (el viento), opté por ir "por abajo", o sea por Chocón.
Y ya rumbo al Chocón, la Morocha quiso acercarse al carnívoro, a pesar del riesgo de ser su presa, ya que según esta foto parece que le gusta el metal...jajaajaj...
Yo me puse lejos por si acaso también le gustan las dulces ancianitas que andan en moto...jajajaj...El celeste del embalse a la vista visto a través de la Compañía. el ballet al que pertenezco. La motoquera no opaca a la bailarina, donde se presente la oportunidad saco el pañuelo y bailo... bailo... bailo... con el cuerpo y el corazón.
Llegando a Chocón recibo el mensaje de que viaje con calma, que no me apure. Así que me tome un momento (dos horas...) para pasear, desayunar y charlar con la gente que siempre pregunta lo mismo: ¿en motooo?, ¿solaaaa?....Sólo que ya no me irrita, me halaga.
Y no podía faltar la búsqueda del hombre perfecto en el camino...sólo que cada vez son de menor tamaño...jajaj..(para vos que nunca me habías leído, cuando viajo tengo la costumbre de sacarme fotos con estatuas o muñecos en lo que denomino jocosamente "la búsqueda del hombre ideal"...un juego para ponerle color a las fotos ruteras que me muestran casi siempre sola.)
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| Una de las plazas de Villa El Chocón. |
Y un cañadón con el apellido del director del ballet donde bailo. Foto obligada con el logo de la Compañía y su nombre detrás. No cualquiera tiene un cañadón con su apellido...jaja...
Unos kms más adelante me encuentro con este paisaje social: a la derecha de la ruta, reclamo de la gente de mi tierra, por SU tierra. Contundente el mensaje: "NI ESCLAVOS NI REBAÑO DEL GOBIERNO PROVINCIAL...".
Ellos resisten. Pero del otro lado del camino...
...una coincidencia que muestra los intereses (¿ocultos?), detrás del problema. La entrada a un espacio de interés económico foráneo, prolijamente adornada por propaganda política.
¡Cuánto dolor, cuánta injusticia escondidos detrás de un simple cartel!. La mayoría de los viajeros pasará indiferente, supongo. A mí me quedó un gustito amargo, por ser una de esas cosas que se leen apresuradamente en los diarios y nunca se consideran como propias, porque solemos pensar, (como me dijo alguien unos días después), "son cosas de los mapuches, qué tiene que ver conmigo que vivo en la ciudad". Todo es parte de un todo, si fuéramos capaces de advertir el entretejido social y energético seguramente actuaríamos de otra manera.
Ellos resisten. Pero del otro lado del camino...
...una coincidencia que muestra los intereses (¿ocultos?), detrás del problema. La entrada a un espacio de interés económico foráneo, prolijamente adornada por propaganda política.
¡Cuánto dolor, cuánta injusticia escondidos detrás de un simple cartel!. La mayoría de los viajeros pasará indiferente, supongo. A mí me quedó un gustito amargo, por ser una de esas cosas que se leen apresuradamente en los diarios y nunca se consideran como propias, porque solemos pensar, (como me dijo alguien unos días después), "son cosas de los mapuches, qué tiene que ver conmigo que vivo en la ciudad". Todo es parte de un todo, si fuéramos capaces de advertir el entretejido social y energético seguramente actuaríamos de otra manera.
Ya en Piedra del Aguila, paro a cargar nafta y almorzar, y un solícito señor en un muy buen vehículo hace marcha atrás, tira la Morocha, rompe el espejo, fisura el caño de escape, etc. me mira como si no hubiera pasado nada y se va. Que la ruta no le devuelva la mala onda, espero...
Al avanzar hacia Collón Curá, más y más ceniza, viento y conductores imprudentes. En este lugar en particular, la Bajada de Collón Curá, suele haber muchos accidentes porque no se respetan las señales de tránsito. Hay una pendiente muy prolongada y peligrosa si no se baja la velocidad. Ese día, a pesar de los carteles que indican precaución y de las condiciones climáticas (las cenizas provenientes del Volcán Puyehue), la única conductora prudente parecía ser yo. Mientras me aferraba con verdadero entusiasmo a la Morocha para mantenerme en el centro del carril a pesar del viento, rogaba para ser visible en medio de la ceniza. Fue uno de esos momentos en los que cuestiono mi propia cordura, en los que me pregunto si no tienen algo de razón los que me dicen que estoy loca. Generalmente este cuestionamiento tiene que ver con el miedo, así que pasado el momento crítico me relajo y lo olvido hasta el próximo momento de pánico... Es la misma sensación que se siente después de un parto, se dice "nunca más" pero luego se olvida porque la recompensa en ambos casos no tiene comparación.
Una vez que la ceniza cedió y aumentó la visibilidad me animé a parar para sacar una foto.
Y casi llegando a La Rinconada la MOROCHA logra sus primeros 15.000 kms. Vamo' nenaaaaa!!! (Noe, hija mía, sigo usando tu frase, en algún momento pagaré tus derechos de autor...jajaja)

Ya más alejadas de la ceniza que me produjo una espantosa sensación de opresión, llegó el disfrute de los paisajes cordilleranos.

Cada detalle......cada color, cada relieve...

Amo tanto mi tierra neuquina que no lo puedo explicar...
Al avanzar hacia Collón Curá, más y más ceniza, viento y conductores imprudentes. En este lugar en particular, la Bajada de Collón Curá, suele haber muchos accidentes porque no se respetan las señales de tránsito. Hay una pendiente muy prolongada y peligrosa si no se baja la velocidad. Ese día, a pesar de los carteles que indican precaución y de las condiciones climáticas (las cenizas provenientes del Volcán Puyehue), la única conductora prudente parecía ser yo. Mientras me aferraba con verdadero entusiasmo a la Morocha para mantenerme en el centro del carril a pesar del viento, rogaba para ser visible en medio de la ceniza. Fue uno de esos momentos en los que cuestiono mi propia cordura, en los que me pregunto si no tienen algo de razón los que me dicen que estoy loca. Generalmente este cuestionamiento tiene que ver con el miedo, así que pasado el momento crítico me relajo y lo olvido hasta el próximo momento de pánico... Es la misma sensación que se siente después de un parto, se dice "nunca más" pero luego se olvida porque la recompensa en ambos casos no tiene comparación.
Una vez que la ceniza cedió y aumentó la visibilidad me animé a parar para sacar una foto.
Y casi llegando a La Rinconada la MOROCHA logra sus primeros 15.000 kms. Vamo' nenaaaaa!!! (Noe, hija mía, sigo usando tu frase, en algún momento pagaré tus derechos de autor...jajaja)

Ya más alejadas de la ceniza que me produjo una espantosa sensación de opresión, llegó el disfrute de los paisajes cordilleranos.

Cada detalle......cada color, cada relieve...

Amo tanto mi tierra neuquina que no lo puedo explicar...
Al llegar a San Martín me esperaba una familia ¡de película!, y este hermoso paisaje por la ventana del comedor.
23 de diciembre 2011
Mi primer intento de exploración me llevó hasta el puerto, esperando que abriera el taller para hacer soldar el caño de escape.
Mi primer intento de exploración me llevó hasta el puerto, esperando que abriera el taller para hacer soldar el caño de escape.
Canté mientras escuchaba música...alguno que otro me miró extrañado pero...ESTOY VIVAAAAAA!!!!!!!!!!!!!!. ¿Por qué no disfrutarlo como lo siento?. Sigo con mi teoría de que hay un solo "mandamiento" y es que mis acciones no perjudiquen a nadie, el resto son convenciones sociales o culturales que muchas veces merecen ser obviadas para vivir más relajadamente.
Al volver a casa por la tarde y mientras tomaba una cerveza, me acordé del reencuentro con mis compañeros de secundaria y las gastadas por las fotos con cerveza en la mano, así que me saqué esta foto para homenajearlos, para brindar con ellos por el espíritu de la Promo '80 que sigue vivo en mí, aunque tenga 30 años más.

Al día siguiente salí rumbo al Lago Lolog. 12 km que empiezan con un hermoso camino pavimentado y flanqueado por árboles frente al regimiento, luego ripio y una subida abrupta, sinuosa y muy pronunciada que me pone de frente a los vehículos que bajan como si fuera asfalto y llano, sin ningún cuidado e invadiendo mi limitado carril. Al llegar a la cabecera del lago se encuentra Playa Bonita, una zona de playa amplia y aguas poco profundas. Me encuentro una vez más con personas que siguen preguntando si viajo sola y en moto. Según mi hija mayor que anda de mochila por Bolivia y Perú, a ella le preguntan lo mismo y hasta ese momento, después de tres meses de ruta, sólo había visto mujeres viajando solas, no hombres. A veces digo en chiste que los hombres por lo general sólo viajan en patota porque tienen miedo, "No, vos sos kamikaze", me dijeron una vez... Depende de cómo se mire, pero si acaso llegar a ser así doy gracias por ello, porque nunca me sentí tan viva.
Al irme, escucho a un señor que mirando el cartel con el nombre de la moto me dice "¡Avanti Morocha!". Le aclaro que la Morocha es ella, y me quedo pensando que en muchos momentos somos una, por aquello del ciborg rutero que ya describí en una entrada anterior. Entonces, ¿para qué seguir aclarándolo?. Le hago el saludito clásico del pulgar hacia arriba y sigo. Plena.
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El camino continúa hacia la derecha y pasa por el Río Quilquihue, decido que me voy a detener a la vuelta porque quiero llegar a Puerto Arturo, unos 13km más adelante. Pero el estado del camino (demasiada arena suelta) me detiene en otra playa del Lago Lolog donde me saco muchas autofotos. (Aunque luego me pregunten si "automático" es rubio o morocho...jajaja... En todo caso si hubiera un "Sr. Teacher Motoquero" sería canoso.)

Otra vista del mismo lugar, este es el camino hacia Puerto Arturo que intenté transitar poco más de un km pero desistí.
Y la MOROCHA, siempre con coraje. Lástima que en los lugares que implican mayor desafío no se puede parar a sacar fotos, por las pendientes o lo sinuoso del camino. Cuando pasa el tiempo y pienso donde anduvimos sólo en mutua compañia, hasta a mí me cuesta creerlo.
Aquí en el puente sobre el Río Quilquihue que nace ahí mismo y desemboca, como muchos de los pequeños ríos de la zona, en el Collón Curá y de allí al dulce Limay. Un pesquero muy conocido pero infelizmente alambrado por los poderosos, que hacen de los ríos y lagos elementos de su propiedad, en muchos casos sin permitir el libre acceso.
Y la MOROCHA, siempre con coraje. Lástima que en los lugares que implican mayor desafío no se puede parar a sacar fotos, por las pendientes o lo sinuoso del camino. Cuando pasa el tiempo y pienso donde anduvimos sólo en mutua compañia, hasta a mí me cuesta creerlo.Aquí en el puente sobre el Río Quilquihue que nace ahí mismo y desemboca, como muchos de los pequeños ríos de la zona, en el Collón Curá y de allí al dulce Limay. Un pesquero muy conocido pero infelizmente alambrado por los poderosos, que hacen de los ríos y lagos elementos de su propiedad, en muchos casos sin permitir el libre acceso.
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| Hacia las nacientes del Quilquihue |
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| Aguas abajo |
La Morocha y cerca mío una señora que, después de un momento de charla me dice: "¡Siempre quise hacer lo que usted hace, andar en moto!". Mi respuesta: "Señora, ¡HÁGALO!. No espere más ¡viva HOY!!!.". Me miró con carita de "tiene razón pero...", y me quedé pensando en las cosas que motivaron que lograra vencer mis propios peros, y RUTEAR.No sé exactamente Cuántas fueron esas cosas pero sí sé que ¡YO PUEDO!.
Si reconozco cada vez que puedo que si bien el culito en el asiento lo pongo yo, como me dijeron alguna vez, este pequeño logro personal no sería posible sin los muchachitos de JUNTOS A LA PAR. ¡GRACIAS!.
Me quedo un rato ahí para tomar algo fresco, agua mineral porque hay que manejar, y pienso en que debí haber hecho ésto muchos años antes, cuando arreciaba la tormenta emocional. Pero como se suele decir, las cosas suceden el momento justo, ni antes ni después. Así que sólo agradezco, una vez más, por poder estar acá, con tan poco en el bolsillo pero con tanto en el quore.
Emprendo el regreso al pueblo, pero no puedo evitar detenerme. ¡Los colores de mi tierra no dejan de hechizarme...!
Para mí siempre fueron lupines, desde los días en que vivía en Tierra del Fuego y era la flor más visible en los jardines, pero acá les dicen chochos, una maravilla violeta que explota los sentidos.
Por éso y antes de que vuelvan a darle vida a la tierra, los compartí con la Morocha. Loca ella que los aceptó y loca yo que se los ofrendé.


Y volvimos al pueblo, seducidas por la energía índigo que acabábamos de compartir...
...mientras la brisa que pasaba entre los árboles nos arrullaba...
Llegamos de nuevo a orillas del Lácar donde la Morocha me facilitó el relacionarme con la gente y tomar unos mates...créase o no. (Voy a salir matera de estas vacaciones...)

Me pregunto qué tiene de particular la Morocha para que la gente se pare a mirarla y a hacer preguntas, es una moto muy común, hay muchísimas iguales. Se me ocurre que algo de razón tiene mi hija Noe cuando me dice que es la energía. Como sea, sirve para entablar conversaciones interesantísimas, que es una de las cosas que más disfruto de rutear.

Aquella tarde la gente disfrutaba de la playa y yo no tenía malla... ¡qué envidia!. La próxima vez la llevo, pensé.

Ya me volvía para leer un rato, pero seguí unos km hacia Junín pensando sólo en disfrutar el viento en la cara. Ruta Nacional 234, va desde La Rinconada hasta el empalme con la Ruta 231, casi llegando a Villa La Angostura. Sólo 171 kms...pero ¡QUÉ KMS!. (Tanto así que hoy, cambio de nombre mediante, forma parte de la mítica Ruta 40)
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| (Actualmente -2012- RUTA NACIONAL 40) |
O hacia el sur...
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| Volviendo a San Martín y llegando a la Bajada de la Pío Proto, una curva en U muy cerrada. |
Era 24 de diciembre y preparé la mesa como si estuviera en familia. Que haya estado lejos de ellos y sin compañía humana...
... no significa dejar de lado mis costumbres navideñas...

Mientras yo estaba en San Martín de los Andes mi hija mayor estaba en Perú de mochilera, otra con su marido en Caviahue y los otros tres con su papá. Aunque se añoren, los tiempos de las grandes reuniones familiares se acabaron, ya son grandes y ahora son mis tiempos los que me rigen, al menos después de que terminan las clases en diciembre.
Esa noche brindé por todos los que me acompañaron en el 2011: mis hijos, los compañeritos de la Compañía de Danzas del Neuquén, los muchachitos de Juntos a la Par, mis alumnos, y sobre todo por los dueños de casa, hacedores de estos momentos mágicos en la cordillera. Disfruté de su palacio, rebosante de buena música, buenos libros y buena energía. No podía pedir más.
Al día siguiente, Navidad, me puse a planificar mis próximos pasos. Quería llegar hasta la frontera por el Paso Hua-Hum, pero me desanimó la calidad de la ruta que, según me contaron, además de sinuosa y con pendientes pronunciadas (lógico en la cordillera), es abovedada y con tránsito a velocidades poco convenientes. La Morocha China se las rebanca, pero la Morocha Neuquina duda de su habilidad para manejar en esas condiciones. Creo que todavía tengo mucho que aprender. Por suerte.
A poco de salir, otra vez ese sonido nada agradable que me indica que tengo problemas con la junta del escape. Me detengo, dudo en seguir pero lo hago porque da lo mismo ir a un mecánico desconocido en Junín que en San Martín. Sigo.
En Junín y buscando soluciones me encuentro con la amabilidad de Alcides Zamateo, quien me recibe en su negocio con auténtica camaradería motoquera.
Cuando llama por teléfono y dice: "Jano, acá tengo una colega motoquera que tiene un problema con el escape, ¿por qué no te venís y ves qué solución le das?", yo pensé: "Guaauuu...¿se refiere a mí?". No sólo los muchachitos de Juntos a la Par me respetan, estoy ganándome el lugarcito en las rutas también. ¡GRACIAS ALCIDES!.Y llegó Jano, quien me invitó a almorzar a su casa donde me recibió Angela con unas empanadas riquísimas y una mejor charla.
La Morocha pasó por las manos hábiles de Jano quien no sólo solucionó lo del escape, sino que le hizo otros mimos necesarios para que sigamos ruteando. (Pasaron 2 años y nunca más tuve problemas con el escape)
En la despedida el compromiso de seguir en contacto y regresar con algún souvenir para la exhibición de Jano.
Camino a Paso Mamuil Malal, una ruta en muy buen estado y un paseo para no perder. Después de esta ruteada fue cuando empecé a pensar que tengo que seleccionar mejor los consejos que escucho. Sigo pensando que muchas veces quien dice "Ni se te ocurra", lo hace en base a sus propios miedos y no al conocimiento real de los caminos.
¡Qué sorpresa y qué goce al ver a la distancia los primeros pehuenes!. Tuve esa sensación que me obliga a gritar ¡TE AMO NEUQUÉN!. Y así lo hice, una vez más.
¡Qué sorpresa y qué goce al ver a la distancia los primeros pehuenes!. Tuve esa sensación que me obliga a gritar ¡TE AMO NEUQUÉN!. Y así lo hice, una vez más.
Cuando nos acercamos, me cargué de su energía milenaria sintiéndome ansiosa por la experiencia inesperada que estaba viviendo. Recordemos que salí de casa "sólo para ir a San Martín y volver". Lejos estaba todavía de imaginar hasta donde me llevarían las rutas ese verano.
Más km y de a poco empiezo a vislumbrar la silueta inconfundible del Volcán Lanín.
Lanín, te presento a la Morocha. Morocha, te presento al Lanín. ¿Demasiado lejos?. Ahora te acerco un poco más.
Lanín, te presento a la Morocha. Morocha, te presento al Lanín. ¿Demasiado lejos?. Ahora te acerco un poco más.
Al ingresar al Parque Nacional comienza el ripio, sólo 12 km y en muy buen estado.
A pesar de que las cenizas del Puyehue todavía flotaban en el aire y no permitían una visión límpida, este momento fue realmente inigualable.
Sentí la satisfacción de haber logrado una nueva meta y dejé en esa ruta la energía de mis compañeros de Juntos a la Par. Si no los hubiera encontrado no habría podido disfrutar de esa sensación de plenitud. "¡SALUD JUNTOS A LA PAR!" grabé en un video para ellos. Imposible viajar y no tenerlos presente en cada logro.
Unos km por el parque y en un zona de camping la Morocha cobijada por los pehuenes...
Y la otra Morocha extasiada por el canto del agua entre las piedras...
Más que extasiada, vibrando con la tierra... ¿neuquina?. Las semanas siguientes permitirían ESE momento de iluminación en que podría descubrir lo que esconde realmente ese sentir.
Y llegamos a la Aduana de Mamuil Malal, la meta del día.
¡LA MOROCHAAAAA...!
¡EL LANIIIIIN...!
¡Y MI CORAZÓN GALOPANDO DE SATISFACCIÓN!!!..
Encarando la vuelta, otra vista, como para no olvidar.
Y más cerca todavía. Despidiéndome porque quién sabe si se repetirá... Ajáaaa... ¿vos decís?
.
De uno y otro lado de la ruta lo que fue un bosque. Destruido seguramente por la desidia de alguien que se olvidó de que aquellos lugares que visitamos, además del cariño y del respeto no necesitan nada de lo que nosotros llevamos, ni fogones mal apagados, ni colillas tiradas por la ventanilla, ni basura que no les pertenece.
La ruta en muy buen estado, en su mayor parte ancha y consolidada. Sólo algún que otro sector de arena, donde transitar con una moto de calle implica sostener la velocidad con calma para que no se clave.
Saliendo del Parque Nacional una reflexión a partir del cartel: "Neuquén una experiencia inolvidable." Una experiencia que nutre, que alivia los días rutinarios, que energiza al recordarla. Hay cosas que se viven varias veces, en mi caso, al transitar las rutas, al mirar las fotos, al escribir sobre ellas y cada vez que vuelvo a leer lo que escribí. Si te puedo transmitir una pequeña parte de lo que siento, o te puedo motivar para que viajes, es un premio extra para mí. Ojalá que así sea.
Más adelante el río me invita a refrescarme pero ¿dónde me pongo la malla? (que sí había traído esta vez). "En cualquier lado" me dijo un colega alguna vez. Nooo... soy desinhibida pero no da para tanto...jajaj...
Unos km más adelante paré, me saqué las zapatillas, me levanté el pantalón y en compañía de algunos terneros y chivos me metí al agua.
Hacía muuuuchoooo calor, pero nada de tentarse y sacarse la campera para seguir viaje más liviana, hay que protegerse, nunca se sabe cuándo podemos sufrir una rodada.
Al día siguiente pasaría por San Martín un amigo moto-pescador que me contaría que este lugar es considerado uno de los mejores ríos "trucheros" del planeta. ¡Quiero aprender a pescar!.
Con este amigo, fui nuevamente al Lolog, esta vez con la malla puesta. A pesar del día desapacible el agua estaba fantásticamente tibia para un lago de montaña. Una tarde especialmente disfrutada por estar en compañía de mi hermano del alma. Gracias por visitarme B!.
De vuelta al pueblo, otra foto en este camino que amo frente al regimiento.
COMPAÑIA!. Al día siguiente 30 de diciembre llegaba una de mis hijas con su familia a pasar el fin de año conmigo. Aunque siempre estuvo Tommy, mi compañero de cama, que se aseaba cada mañana junto a mí durante el desayuno.
Ese día bajé hasta la ruta para esperar a mi familia en el destacamento de tránsito. Y no, no me preguntaron qué hacía sola ahí...jajaj...al contrario, cuando me fui se escuchó un "ESSAAAA...". Es que nunca habían visto una motoquera cincuentona tan energética...(nunca habían visto una motoquera cincuentona en realidad...jajaj..)
Compartimos 3 días fantásticos, diferentes de lo que suelen ser las ruteaditas solitarias. Agua, sol, cordillera y mate (a pesar de que es un acontecimiento bianual para mí, se venía repitiendo bastante...jajaj...)
El 1° de enero a la 1 de la mañana fuimos a ver los fuegos artificiales al puerto. Espectacular el reflejo sobre las aguas del lago, aunque la cámara no permite mostrar el momento como realmente fue.
En el chau chau de los chicos, tarde cerrada por las cenizas que quedaron en los bosques luego de la erupción del Puyehue y que el viento trae al pueblo.
Los días que restaban hasta la vuelta de los dueños de casa fueron en su mayor parte de libros, música y mucha reflexión. La ida a Mamuil Malal había sembrado una semilla que pronto germinaría. En aquel momento se produjo el siguiente diálogo "feisbukero" entre Gustavo, mi motomentor y yo. Con la conclusión justa hecha por mi hija mayor, la viajera:
Gustavo M.- Che, pero llegastes a la Aduana y no te diste el gusto de hacer "internacional" a la Morocha???? Por que no cruzaste??? Al menos hasta la Aduana Chilena Poooooooo!!!!
Yo -Me dio vergüenza cruzar y volverme al toque, pero lo pensé. Por éso quiero volverme por ahí y volver a entrar por Pino Hachado. El tema es que no traje nada para acampar, vamos a ver si cuando llega Lia de viaje me puede mandar las cosas...ahí cruzo sin problemas.
Gustavo M.- Pero que necesitas de camping??? Una carpa y una frazada, qué más te tienen que mandar????
Yo.- La carpa, la bolsa de dormir, el colchón, el calentador, la ollita...
Yo pensando en lo que tengo y siempre, siempre, siempre aparece el empuje de mi gente de Juntos a la Par.
Había quedado firmemente enraizada la idea, empezaba a "ver" el viaje dentro mío. El comentario aleccionador y definitorio fue el de mi hija:
Había quedado firmemente enraizada la idea, empezaba a "ver" el viaje dentro mío. El comentario aleccionador y definitorio fue el de mi hija:
Noe B.- Ma...dejá las vergüenzas de lado cuando viajás, así es más fácil seguir ruta y que nada te detenga! Siempre andá a los lugares pensando que ésa puede ser la última vez!. Conocí unas chicas acá (Perú), que están viajando en Citroen desde Santa Fe!!!. En CITROEN!. Organizáte y hacé Bolivia y Perú en carpa, de motoquera!!!. La vas a re flashear!!!!! Yo te apoyo a fondo!!!! Y si no estoy en Europa te sigo!!
¡La plantita sembrada en Mamuil Malal crecía sin control!. A pesar de que yo sólo había salido de casa "hasta San Martín y vuelvo", había rutas impensadas esperándome ese verano.























































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