Y la idea comenzó a germinar en mi mente. Más que germinar creció como la planta de habas de Juanito, aceleradamente y sin detenerse. Tener moto de nuevo me seducía y al comenzar a buscar posibles modelos en Internet me encontré con foros de viajeros en moto que contaban historias envidiables, alucinantes.
Mientras consultaba en Neuquén por una Honda Wave, me atrajo la promesa de un poco más de velocidad y el porte de una Zanella RX 150. Temí verme ridícula con semejante cuerpo en una 110, por otro lado la Honda es Honda y la Zanella...Zanella. Diferencia de máquina. Me decidió mi ex alumno Cristian G. quien acertó a pasar por la vereda mientras yo trataba de decidir qué hacer. El Colo me dijo: "Vas a comprar acá y no en Centenario?". Aduje menores precios y me dijo: "Éso porque no me la comprás a mí, andá a verme mañana a mi negocio en Perú casi Canadá y yo te hago el mismo plan que te hacen acá". Así fue y al otro día fui recibida con gran amabilidad, por ser "la teacher del Colo" en RG donde me ofrecieron un plan aún mejor que en el concesionario de Nqn.
Y así fue que llegué a tener mi Morocha. Me sentí poderosísima cuando la conduje, aún siendo consciente de que no se trataba de una gran máquina. Sin dejar de sentir que volaba mientras manejaba, analicé los por qué y descubrí que lo que potenciaba la sensación era algo tan simple como que la pude comprar sola, sin recurrir al papá de los chicos, y que era totalmente mía, no un bien ganancial que podía volar como volaron hace algunos años el auto y la Kawasaki. MI moto, MI MOROCHA, porque a pesar de ser azul, su parte negra es la que resalta y porque la conduce una morocha argentina, con todo lo que ello implica.
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